Viaje de fin de semana a Newcastle-Upon-Tyne y Durham 1


El año pasado por mi 25 cumpleaños me di el capricho de irme de fin de semana con mi novio a París, y este año decidí seguir con mi “nueva” tradición de celebrar mi cumpleaños haciendo lo que más me gusta: viajar. He de confesar que no fui tan organizada como suelo serlo y decidí el destino a última hora, pero al final Newcastle-Upon-Tyne y la pequeña ciudad de Durham hicieron que pasase un fin de semana inolvidable (bueno, Aarón también ayudó algo, jeje)

Newcastle-Upon-Tyne es una ciudad de unos 200.000 habitantes al norte de Inglaterra, junto a la frontera con Escocia, a unas tres horas en tren desde Londres. La llegada a la ciudad no puede ser más apoteósica, ofreciendo vistas increíbles de los siete puentes desde el tren, y adentrándose en una maraña de edificios victorianos.

Nada más llegar fuimos al hotel a hacer el check-in y dejar las maletas. Tuve la enorme suerte de encontrar una oferta en el Hilton Newcastle Gateshead de habitación y desayuno por 90 libras (normalmente cuesta unas 140), y aunque el hotel estaba muy bien, sobre todo la recepción, supongo que me esperaba ese toque extra que los hoteles Hilton suelen tener y me decepcionó un poquito.

Comenzamos la visita a la ciudad cruzando el Swing Bridge y dando un paseo por el Quayside (las orillas del río Tyne), disfrutando de los preciosos puentes. De vuelta al centro, nos acercamos al Castillo, aunque ya estaba cerrado (entrada: 4 libras) y sólo lo pudimos ver por fuera. Continuamos yendo a la Catedral de St Nicholas y acercándonos a un mercadillo de invierno cerca del Grey’s Monument, donde compramos aceitunas con chili, queso de pimienta y un pesto rojo que no sabemos qué llevaba pero que estaba buenísimo.

Aunque Newcastle no se caracteriza por tener ningún monumento (aparte de los puentes, por supuesto) que la haga famosa, su centro repleto de edificios victorianos bien vale una visita a la ciudad. Nosotros pasamos tres o cuatro veces por cada calle (básicamente son sólo 6 o 7) y no podíamos dejar de echar fotos y pararnos en cada esquina.

Para cenar entramos en La Tasca, un restaurante español perteneciente a una cadena que tiene locales por todo Reino Unido. Era también mi primera vez en un restaurante español en este país, y aunque la comida estaba bastante rica, los precios nos parecieron una locura: 5 libras por 3 croquetas, 6 por 4 langostinos… Y el cocinero era italiano! Tras la cena y siguiendo nuestra costumbre, entramos en cada pub que encontramos hasta que nos fuimos a dormir.

Al día siguiente tuvimos la mala suerte de encontrarnos con todos los trenes cancelados o retrasados a Durham, así que cuando por fin conseguimos llegar apenas teníamos tiempo para visitar la ciudad (menos mal que es pequeñita y en 10 minutos estás en todo el centro!). Empezamos por la Catedral (entrada gratis), declarada Patrimonio de la Humanidad en 1986 y considerada por los ingleses “una de las más bonitas de todo el mundo”. Construida en el siglo XIII pero rehabilitada en el XV tras un incendio, fue diseñada como una fortaleza además de como lugar de culto para poder proteger al pueblo de los ataques de los escoceses y las tribus del norte, lo que la convierte en una Catedral única. El edificio es enorme, así que no esperes pasar menos de una o dos horas en ella.  También es posible acceder a la torre por 5 libras, y disfrutar de unas vistas maravillosas vistas tras subir 325 escalones en escalera de caracol. Sinceramente, merece la pena. Y antes de irte, no olvides pasar por la tienda de souvenirs, con regalos muy bonitos y para nada del típico estilo religioso/antiguo, o por su bar-restaurante, que aunque en España construir un restaurante dentro de una Catedral es algo impensable en Inglaterra es bastante popular.

La siguiente parada obligatoria es el Castillo (entrada: 5 libras), situado justo en frente de la Catedral, pero estaba cerrado por un evento, así que no pudimos visitarlo. En lugar de eso, disfrutamos de un show navideño en la plaza de Market Place, con un gracioso Santa Claus cantarín, Rudolph, y demás personajillos.

En breve se nos hizo la hora de volver a Newcastle para coger el tren rumbo a Londres, y así se terminó nuestro fin de semana norteño.  Ahora, a pensar en el próximo destino 😉

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